La otra

El cuento de Saliary

Tengo ganas de sus besos.
De su boca,
de sus labios.
Me inquieta la incertidumbre,
el quizás algún día todo sea como en mi espejismo.

Usted señor no sabe cómo duele,
dejarlo allí, tirado, solitario,
entre los brazos cálidos de su mujer.

No sabe cómo el sueño se aparta de mí,
a cada vez que usted se aleja de mi cama,
me deja entre el rebaño de ovejas interminables de contar.

No hay color sin su aliento,
no hay “buenas noches”,
no existe fuego en las frías sábanas,
ni historias llenas de vértigo dentro de mí.
No hay nada.
Soy una más.

Palpo las nubes entre sus brazos,
camino sobre las aguas,
estoy en mil sitios a la vez.
Sonrío.
Vivo.

Soy el mañana que nunca existió.
El eco jamás escuchado.
El desconocido nombre
por quien palpita un corazón.
Tu euforia.
Soy la pasión sin dueño.
La desconocida.

Soy sus…

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